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miércoles, 15 de febrero de 2017

SACERDOTE DE SAN LUIS PARTICIPÓ DEL CRUCE DE LOS ANDES

"Al vivir en medio de estas realidades a uno le nace la admiración por el Gral. San Martín" destacó el Presbítero Alejandro Salinas

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Al cumplirse el bicentenario de la Gesta del Cruce de Los Andes, por parte del Ejército Libertador al mando del Gral. Don José de San Martín, el Pbro. Alejandro Salinas, sacerdote destinado en el Seminario Diocesano de San Luis, realizó el cruce de Los Andes a lomo de mula por el paso de Los Patos, paso por el que cruzó el grueso del Ejército y el mismo Gral. San Martín. 
La organización de la expedición estuvo a cargo de la “Asociación Cultural Sanmartiniana Cuna de la Bandera” cuyo presidente es el Teniente Coronel  (RE) VGM Víctor Hugo Rodríguez, que lleva veinte años organizando esta actividad. Así entre los días 29 de enero y el 5 de febrero de 2017, un grupo de 45 expedicionarios y 13 baqueanos, a lomo de mulas o caballos se internaron en el cordón montañoso más extenso de la tierra, para rendirle homenaje a todos los que participaron e hicieron posible esta gesta, que afianzo la libertad de Argentina y se la dio a Chile y Perú. 
El Presbitero Salinas afirmó: Desde varios puntos de vista es una experiencia muy profunda e enriquecedora. En primer lugar debo decir que, el transitar 350 km contemplando el majestuoso e imponente cordón montañoso con sus cumbres de nieves eternas; con sus ríos de aguas cristalinas y torrentosos; sus extensos valles verdes; sus quebradas que dan vértigo al transitarlas por estrechos senderos de pendientes abruptas; su infinidad de montañas de colores y formas variados; abrasados por un solo intenso o fríos que llegaban hasta los -18°; con fuertes vientos  o bajo la escarchilla, la nieve o la lluvia; subiendo a alturas de 4500 metros con la consiguiente agitación y falta de oxígeno, con el riesgo de sufrir dolores de cabeza,  apunamiento o soroche. Todo esto y mucho más elevan el alma a la contemplación y brota espontáneamente la alabanza a Dios pensando en su inmensidad y grandeza, en su poder y amor que por nosotros ha esculpido estas bellezas.
El P. Alejandro también detalló: Al vivir en medio de estas realidades a uno le nace la admiración por el Gral. San Martín, porque parece algo de película el que por tan accidentado y difícil terreno pudiera pasar, doscientos años atrás, un ejército de más de cinco mil hombres con todo el equipo necesario para la guerra, y con la precariedad de medios propios de la época. En estos días no solo uno dimensiona algo de lo que fue la dantesca gesta del cruce, sino que a través de diversas charlas se va profundizando en la sublime personalidad del General. 
El sacerdote destaco también: Otra experiencia muy enriquecedora es la de convivir con un grupo humano tan variado y rico, desde una jovencita de 14 años hasta docentes de más de 60 años; desde médicos y abogados hasta ex combatientes de la Guerra de Malvinas. Todos unidos por un mismo ideal, rendir homenaje a una persona y a un hecho, el Gral. San Martín y el cruce de Los Andes por parte del Ejercito Libertador, a quienes lo hicieron posible y a quienes perdieron su vida por este ideal. En estos días en que los bienes materiales y tecnológicos se reducen notablemente, afloran las relaciones humanas y uno disfruta de la conversación, del intercambio de pareceres y del conocer a la otra persona, y así comienza a germinar la amistad. Podríamos decir que fue una escuela de vínculos humanos, en la que nos vamos enriqueciendo unos a otros.
En medio de todo esto, se experimenta también la necesidad de Dios, ante las ausencias de seguridades humanas y materiales propias de la situación, y ante el constante riesgo que se vive por las dificultades del terreno y del clima, naturalmente el hombre se vuelve a Dios para pedir su protección, su ayuda y bendición. Así, en los días de marcha por Los Andes, las peticiones de bendiciones y oraciones implorando el amparo Divino, fueron cosa frecuente y constante de casi todos los expedicionarios. Podemos afirmar que la montaña nos acercó más a Dios.
Por último el P. Salinas concluyo diciendo: Debo decir que el poder celebrar la Santa Misa, el asistir espiritualmente a los expedicionarios, elevar plegarias por los difuntos, y bendecir las distintas actividades realizadas en medio de Los Andes, en el marco del bicentenario del Cruce del Ejercito Libertador, lo viví como una bendición de Dios, con profunda acción de gracias. fuente Prensa Obispado de San Luis